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Hasta que no te acabes todo, no te levantas de la mesa
M. entra en consulta, se sienta y comienza a contarme… Al poco rato, con la naturalidad de quien te dice que hoy está nublado, me suelta: —Yo es que llevo veinticinco años sin desayunar, Lydia. De verdad, es que por la mañana no me entra nada. Imposible. Tengo el estómago cerrado. Lo cuenta con una…