El gran engaño del café: por qué no te da energía (y qué hace realmente en tu cerebro)

La molécula del sueño: ¿qué es la adenosina?

A lo largo del día, tu cuerpo genera energía en forma de ATP (trifosfato de adenosina). Cada vez que una célula utiliza esta energía —para pensar, moverte, digerir, aguantar de pie— el ATP se degrada y libera una molécula llamada adenosina como subproducto.

Esta adenosina se acumula progresivamente en el cerebro, especialmente en zonas relacionadas con la regulación del sueño y la vigilia, como el hipotálamo, el tálamo y la corteza prefrontal. Cuando sus niveles son altos, se une a receptores específicos (con letras que te dan igual…😉 ) y esto es una señal clara y sencilla: “es hora de descansar”.

Entonces, la adenosina no te “duerme” por sí sola, pero modula la excitabilidad de las neuronas y reduce la liberación de neurotransmisores activadores como la dopamina, la norepinefrina o la acetilcolina. En resumen, te apaga.

¿Qué hace el café? No te activa: te desconecta de tu cuerpo

La cafeína, el principal componente psicoactivo del café, es un antagonista competitivo de los receptores de adenosina. Es fácil, no me mandes a la mierda aun que te lo intento traducir o «bajar a tierra» (que está esta expresión súper de moda. A mi me da tirria particularmente, pero sigamos):

La adenosina y la cafeína tienen una forma similar, como dos llaves parecidas. Y en tu cerebro hay cerraduras (receptores) diseñadas para que encaje la llave de la adenosina. Cuando esto ocurre, el cerebro recibe la señal de: “estamos cansados, así que haz el favor y ve bajando el ritmo.

Pero cuando tomas café, la cafeína se mete en esas cerraduras antes que la adenosina. Y claro, las bloquea. Se encaja en el receptor pero no lo activa. Es decir, no envía ninguna señal útil: simplemente impide que la adenosina entre y haga su función.

Resultado: el cerebro no detecta el cansancio, pero perdona, el cansancio sigue ahí. No se ha ido a ninguna parte.

Y mientras tanto, se desata un efecto secundario: al bloquear el freno natural (la adenosina) suben la dopamina y la adrenalina (dos moléculas que te activan), y tú te sientes con más energía… aunque en realidad no la tienes.

¿Qué pasa cuando la cafeína desaparece del sistema?

La vida media de la cafeína en sangre es de entre 3 y 7 horas. Cuando deja de circular, la adenosina acumulada durante todo el día toma el control, y lo hace con fuerza.

Así que de repente y sin tú esperártelo tienes una caída brusca de energía, te sientes irritable y con un sueño repentino que no sabes ni de dónde viene o te da ansiedad o bajón de ánimo que tampoco entiendes (quizás por que te pilla así de sorpresa sin esperártelo ni nada).

Entonces… ¿debo dejar el café?

No necesariamente. El café no es terrible. El problema es el uso crónico, inconsciente y compulsivo como sustituto del descanso real.

Algunas claves para usarlo de forma inteligente:

  • Evita tomarlo en ayunas o como única fuente de energía.
  • No lo uses como anestesia emocional si estás agotada o en sobrecarga.
  • No lo tomes después de las 15 h si tienes problemas de sueño.
  • Escucha a tu cuerpo: si el café ya no te “hace efecto”, es una señal de que tu sistema está saturado.

Y recuerda que dormir no es perder el tiempo. Es permitir que tu biología se repare y se reorganice. Y eso (aunque no lo puedas medir en productividad inmediata) sí es energía de verdad.


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