Vivimos un momento de sobreinformación en el que a veces resulta difícil mantenerse cuerda y encontrar la neutralidad y el sentido común para discernir. Entre tanto consejo bienintencionado y tanta gente iluminada diciéndote lo que «deberías estar haciendo», una acaba sintiéndose como si se hubiera perdido el tren de la vida plena y consciente… y ahora solo le queda correr detrás haciendo afirmaciones positivas mientras se le cae el alma a los pies.
Porque saber, sabemos. Sabemos que hay que respirar profundo, que el azúcar no es la solución (aunque a veces lo parece 😉 ), que meditar está muy bien y que tenemos que gestionar el estrés. En teoría, estamos listas para ser la mejor versión de nosotras mismas. En la práctica… queremos tirarnos al sofá y olvidarnos de todo.
Y no es por falta de ganas. Ni por falta de información. Es que el cuerpo, el pobre, no ha pillado aún la parte en la que «ya todo va bien«. Él sigue en modo supervivencia, mirando de reojo cualquier intento de relajación como si fuera una trampa.
La cosa es que integrar no es lo mismo que entender. Puedes leerte cinco libros de salud hormonal y aun así acabar llorando frente a la nevera. Porque si el cuerpo no se siente a salvo, da igual lo que sepas. Vas a seguir reaccionando desde la alerta, desde el piloto automático, desde la guerra contigo.
Trabajo con mujeres que no necesitan que les cuente más cosas. Ya tienen un máster en ansiedad, un doctorado en autocuestionarse y un TFG en «me falta algo, pero no sé qué». Lo que necesitan es un espacio donde nadie las corrija, ni les diga lo que tienen que hacer, ni les venda el último ritual lunar con incienso de unicornio.
Necesitan bajarse del tren. Respirar. Escuchar al cuerpo sin juzgarlo. Dejar de intentar arreglarse todo el rato como si fueran un proyecto de mejora continua.
Mi trabajo no va de técnicas mágicas ni de fórmulas sagradas. Va de presencia, de sostén, de recuperar una relación cuerpomentecorazón sin filtros de Instagram ni promesas imposibles. A veces lloramos. A veces nos reímos. A veces solo respiramos juntas.
No estás fallando. Estás agotada. Y te entiendo. Porque no hay nada más cansado que intentar estar bien cuando por dentro solo quieres que alguien te diga: «eh, puedes parar un momento, que ya es suficiente por hoy».
Así que si algo de esto te resuena, tal vez no necesitas más respuestas. Solo un sitio donde no hacer nada y que eso también cuente.
Con retranca y ternura, Lydia

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