Una historia que quizá ya conoces (porque la vives cada mes).
Imagina esto: es jueves por la tarde. Llevas todo el día sintiéndote como si estuvieras bajo una nube gris. Nada te motiva. Te notas más irritable de lo normal, y aunque sabes que tienes cosas que hacer, solo quieres llorar (o gritar o mandar a todos a la mierda). Miras el calendario (teléfono o donde quiera que lo tengas) y ahí está el recordatorio sutil (o no tanto): la regla está al caer.
Y entonces piensas: ‘¿Otra vez lo mismo? ¿Qué narices me pasa?
Pues no te pasa nada. Es solo tu cuerpo hablando en su «ciclo idioma» . Y tú estás respondiendo a una tormenta interna que tiene nombre: cambios hormonales. Vamos a ponerle subtítulos a lo que tu cuerpo intenta decirte…
¿Qué le pasa a tu cuerpo en esos días previos a la regla?
En la fase lútea del ciclo (que va desde la ovulación hasta que llega la menstruación), tus hormonas se suben a una montaña rusa. Y como buena montaña rusa, hay bajadas que te sacuden.
- Los estrógenos bajan.
- La progesterona sube un poco… y luego también cae en picado.
- La serotonina, ese neurotransmisor que te da sensación de bienestar, se ve afectada por estos cambios hormonales.
Resultado: más sensibilidad, más irritabilidad, más ansiedad.
Y por si no hay bastante revuelo hormonal de por sí, el cortisol (la hormona del estrés) se eleva con más facilidad. El sistema nervioso está más activado. Estás en modo alerta… sin que haya una amenaza real.
¿Qué tiene que ver la comida con esto?
Cuando la serotonina baja, el cuerpo busca formas de subirla. ¿Y qué es lo que más rápido la sube? El azúcar, los carbohidratos, las comidas reconfortantes. Es un mecanismo de autorregulación, no falta de fuerza de voluntad. Tu cuerpo es muy listo amiga mía. Y súper eficaz buscando soluciones exprés.
Y claro, si encima estás intentando «comer bien» y evitar estos antojos, la lucha interna se intensifica. Bienvenida al bucle de ansiedad, culpa y hambre emocional.
¿Qué puedes hacer para no volverte loca (ni acabar con medio paquete de galletas)?
- Acepta que no eres tú, es tu química hormonal.
- Anticípate: cuando sabes que estás en fase lútea, puedes preparar comidas nutritivas que también sean reconfortantes.
- Regula tu sistema nervioso: respiración, descanso, contacto con la naturaleza, una práctica corporal suave como el Qi Gong o un paseo largo.
- No te exijas igual: esos días no son para rendir al máximo. Son para recogerte un poco. Y eso también es productividad.
Estudios que lo respaldan (por si quieres leer más… o pasárselo a quien no te cree)
- Disminución de estrógenos = menor serotonina = más vulnerabilidad emocional (NIH)
- Progesterona y ansiedad en fase lútea (ScienceDirect)
- Aumento de ansiedad en fase premenstrual (PMC)
- TDPM y alteración serotonérgica (Frontiers in Psychiatry)
En resumen (porque sé que la concentración tampoco está en su mejor momento ahora)
No es que te estés volviendo loca. Es que tu cuerpo atraviesa una tormenta hormonal que afecta directamente a tus emociones, tu apetito y tu energía. Comprenderlo no lo soluciona todo, pero te devuelve el poder de acompañarte sin juicio.
Y sí, se puede aprender a vivir esta fase con más suavidad. No con fuerza de voluntad, sino con estrategias reales que cuidan de ti de verdad.
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